La forma en la que las personas interactuamos y nos comunicamos con las máquinas y la tecnología es sin duda lo que hace que nos resulte útil disponer de ellas o no. Piénselo por un momento, ¿se imagina usar su teléfono móvil o su ordenador mediante la escritura de comandos de texto ? Sin duda el 99% de los usuarios prefiere una pantalla táctil o un ratón.
En informática la comercialización del sistema operativo Windows (que no era más que una interfaz gráfica de usuario sobre un sistema de comandos MS-DOS) supuso un gran salto en la penetración de la informática en los hogares y las empresas. En los teléfonos móviles, las pantallas táctiles y la simplifación de los menús han hecho que sea cómodo y fácil usarlos para navegar por Internet, oír música, leer y dentro de poco también realizar pagos, entre muchas otras cosas.
En definitiva a lo que las personas nos interesa no son los gigahercios de procesador, ni la memoria RAM, ni los estándares de comunicación sino que dispongamos de productos fáciles de usar, intuitivos y con un diseño cuidado y amigable. Sin duda este es uno de los factores de éxito de Apple y la mayoría de sus productos. Y desde mi punto de vista es también uno de los factores que impiden que la tecnología tenga un alcance importante en los hogares ya que los interfaces de usuario disponibles no están a la altura de lo que los usuarios, las personas, esperan.
Después de esta reflexión en voz alta y volviendo al tema del post, me ha sorprendido gratamente el nuevo mando para la plataforma de videojuegos Xbox, Kinect. Sin haberlo probado todavía pienso que la respuesta de Microsoft a la Wii de Nintendo ha sido un gran acierto y que las posibilidades que abre, dentro y fuera del mundo de los videojuegos son enormes.