Pseudocooperativismo y seguros inservibles

La crisis inmobiliaria ha golpeado inmisericordemente a muchos cooperativistas de viviendas, inmersos en la pesadilla de haber perdido el dinero ahorrado e invertido a lo largo de años de desvelos, casi siempre por culpa de un cóctel peligroso: la nefasta gestión de las gestoras o promotoras a quienes encomendaban la construcción de los edificios, combinada con la escasa diligencia que los cooperativistas dedicaban a vigilar sus propios intereses.
Muchas cooperativas de viviendas se han alejado del espíritu del cooperativismo: un grupo de personas con necesidad de vivienda que se unen para construir un edificio mediante autopromoción y al coste, sin ánimo de lucro añadido. El modelo que ha predominado ha sido otro, perfectamente legal pero cada vez más alejado de la idea primigenia. En lugar de ser la cooperativa la que contrate una sociedad gestora para que se encargue de la construcción y todos los aspectos técnicos y jurídicos, el orden ha sido el inverso.
Una sociedad mercantil (con ánimo de lucro, recordemos), se dedica a captar socios y es la que promueve la constitución de la cooperativa. Así, el protagonismo lo asume la primera y no la segunda, como debería. En este seudocooperativismo los socios delegan demasiadas tareas y confianza en la gestora, y esperan pasivamente a que todo funcione, sin hacer un uso efectivo de sus derechos a la información y a la participación establecidos en la normativa.
Cuando la gestora no consigue suelo, o tiene problemas financieros, o demasiados cooperativistas se dan de baja y exigen la devolución de sus aportaciones, empiezan los problemas. Y a veces ni siquiera sirven los seguros obligatorios contratados (o que deberían haberse contratado) para cubrir precisamente estas contingencias.

Por muchas reformas procesales que emprenda el Gobierno, los juzgados españoles son y seguirán siendo más lentos que un caracol con artritis hasta que no se les dote de recursos informáticos y organizativos propios de este siglo. La singular lentitud de nuestra Justicia se hace más exasperante aún para el propietario de una vivienda que no sabe ya qué hacer con su inquilino moroso. De ahí que surjan a menudo ideas para soslayar el arduo y parsimonioso procedimiento judicial, como la de acudir a un mecanismo más rápido y eficiente como es el arbitraje.
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Si el lector es uno de los miles de atribulados titulares de préstamos hipotecarios referenciados al Euríbor en España, seguramente estará al corriente de la noticia. El pleno del Senado ha aprobado hace poco por unanimidad
¿Qué hacemos con el vecino de abajo aficionado a tocar el xilófono de madrugada, o con el que convive con un caimán amazónico o mantiene un pestilente taller clandestino en su piso?
Hay un método secreto para volver del casino con una pequeña fortuna: ir con una gran fortuna. La ironía del escritor chileno Isidoro Loi viene al pelo del asunto que trataré en esta primera anotación para pisos.com (¡Gracias por la invitación!).
Me llamo Javier Muñoz Pereira y soy un abogado madrileño. Soy el fundador de 