Opinión
La salud en el hábitat
Nuestro hogar es como nuestra tercera piel.
A la hora de comprarnos un piso, normalmente tenemos en cuenta criterios estéticos y funcionales; es decir, que nos guste cómo es la casa, dónde está situada, y muchos otros criterios subjetivos propios de la persona que realiza la búsqueda. Todo ello siempre ponderado por el precio, que es el que define si, a nuestro parecer, la compra merece la pena.
Sin embargo, aparte de estos criterios “comunes”, hay otros probablemente no tan conocidos pero igualmente importantes y que, además, no son tan subjetivos. Éstos son criterios relacionados con la salud. Si tomamos en consideración que, hoy en día, entre el 80% y el 90% del tiempo lo pasamos en espacios interiores, nos daremos cuenta de la importancia de gozar de un buen “ambiente” dentro de nuestros hogares, oficinas, etc. Con este objetivo de intentar mejorar la salud en los espacios que habitamos, vamos a dar unas recomendaciones sobre los pasos que se pueden dar.
En primer lugar, sería muy conveniente realizar un estudio geobiológico, prestando especial atención a los lugares donde pasamos mayor tiempo; normalmente, son el puesto de trabajo y la cama. Este estudio determina la situación de zonas neutras respecto de otras zonas que presentan geopatías, o alteraciones naturales del magnetismo terrestre que pueden afectar a nuestra salud. Por ello, es interesante conocer y delimitar su ubicación para adecuar la distribución de nuestra vivienda o zona de trabajo; por ejemplo, mover una cama de sitio para evitar dormir sobre un cruce de líneas Hartmann o una veta de agua.
En los edificios actuales también se encuentran muchas veces tecnopatías, o exceso de campos eléctricos, magnéticos y electromagnéticos derivados de las instalaciones y aparatos eléctricos. Lo principal es verificar que existe una buena toma a tierra, y revisarla con el paso del tiempo para garantizar su buen funcionamiento. Otros consejos son la separación de los cables de elementos metálicos, alejar los transformadores de nuestro cuerpo y evitar los aparatos electrónicos en la mesita de noche. También habría que limitar –en la medida de lo posible– el uso de tecnologías inalámbricas, ya sean wi-fi, teléfonos inalámbricos o móviles, así como el uso del microondas. Esto se debe a que los dispositivos inalámbricos emiten en una frecuencia de onda muy similar a la de nuestros sistemas biológicos; por ello, pueden generar “interferencias” con ellos. No obstante, no se trata de renunciar a las comodidades que nos ofrece la vida actual, sino de tomar conciencia y, en la medida que cada cual considere oportuno optar por alternativas (uso de internet por cable en vez de wi-fi, teléfonos fijos no inalámbricos) o intentar reducir su exposición a los mismos (encender el wi-fi sólo cuando lo vamos a usar, no cocinar siempre con el microondas…).
El otro campo donde podemos hacer grandes avances para mejorar nuestra salud en el hogar es el de los materiales, sobre todo en los acabados superficiales (pinturas, barnices, colas, plastificados…), ya que son con los que estamos en permanente contacto. Las capas superficiales de los materiales sintéticos emanan durante su vida útil parte de su composición. Muchas de estas partículas suspendidas son tóxicas.
La emanación de un solo material no es relevante, pero sí la suma de todos esos materiales que nos envuelven, cada vez más sintéticos, durante el paso del tiempo. La evidencia de esto es la cada vez mayor aparición de enfermedades medioambientales no atribuibles a una sola causa. Esta información no quiere ser alarmista o generar miedos; pretende dar a conocer un dato más a la hora de elegir los materiales y acabados que van a formar parte del interior de nuestras viviendas, aconsejando el uso materiales lo más naturales posibles, para encontrar un equilibrio económico, ecológico, estético y de salud.
Afortunadamente, ya existen en el mercado barnices, pinturas e, incluso, muebles fabricados con componentes 100% libres de tóxicos, lo cual se traduce en una notable mejora de la calidad del aire interior. Pero la calidad del aire no sólo depende de los acabados; la ventilación también juega un papel primordial, especialmente si se hace con la frecuencia y duración adecuadas, que permita renovar el aire interior sin incurrir en pérdidas energéticas. Por último, debemos conocer que con muchos limpiadores del hogar convencionales limpiamos pero, a la vez, añadimos más tóxicos en el ambiente interior. Es recomendable utilizar productos que emitan la mínima toxicidad, ventilar adecuadamente mientras se aplican y, en la medida que podamos, utilizar productos naturales para la limpieza (bicarbonato, vinagre, limón,…).
En conclusión, deberíamos pensar que nuestro hogar es como nuestra tercera piel y que todo lo que está dentro de ella es parte de lo que tocamos, respiramos o, incluso, si tenemos niños pequeños, “saboreamos”. Limitando los tóxicos que entran en nuestra casa, limitaremos los tóxicos que acaban dentro de nuestro organismo.




